La dieron prisión domiciliaria a Ernesto Ruffo, pero lo mandaron en roadtrip a su casa
Entre Florida, Puerto Rico y las Islas Bermudas se encuentra una madre llamada el Triángulo de las Bermudas que es mundialmente conocido por hacer desaparecer barcos, aviones y cualquier cosa que pase por ahí. En México tenemos algo parecido y se llama Culiacán, Sinaloa. Por alguna razón rarísima que no entendemos, ya van dos exgobernadores mexicanos acusados de andar de mañosos que “misteriosamente” desaparecen en esta ciudad. El primero, como ya todos sabemos, fue Ro Chamoya y el segundo fue Ernesto Ruffo. Este carnal acababa de conseguir que lo sacaran de Almoloya para irse a cumplir su prisión domiciliaria a Ensenada, después de que lo acusaron de huachicolero. Pero los todoempáticos de la Fiscalía de Titina Godoy decidieron llevárselo del Establo de México a Baja California en coche porque #AusteridadRepublicana para pagar un avión. Ahhh bueno, y obvio para meterle un sustito durante las más de 35 horas continuas que dura el roadtrip hasta allá. Y justo cuando iban cruzando por la ciudad culichi, la señal del convoy perdió la comunicación y por unas horas nadie supo en dónde fregados estaba. Su hija anduvo todo ese tiempo con el Jesús en la boca y cuando por fin logró hablar con él, subió la llamada a Insta para comprobar que el señor seguía vivito y coliando.
Sustote en la Carretera
En el clip que Vero Ruffo subió a su Instagram para tranquilizar a la banda (y sobre todo a la oposición, que empezó a aucsar a los morenos de hacerle algo al exgóber), se escucha la clásica llamada de carretera donde nadie sabe bien en qué kilómetro andaba. Con voz de angustia, la hija le pedía una y otra vez que le aclarara sus coordenadas exactas: “¿Me repites en dónde estás, por favor?”.
Don Ernesto, con la calma de quien viene con chofer y sin tener npi de nada, primero le soltó un seco “en Culiacán”, para luego recular y aclarar que más bien iban apenas por llegar al punto de revisión. Por la insistencia familiar para saber desde dónde hablaba, el exgobernador explicó que la camioneta iba en friega y que la Guardia Nacional no se detenía para nada en el camino, salvo por un par de escalas técnicas obligatorias para cargar aire y estirar las piernas.
Preso, pero en su Casa
Todo este viacrucis carretero comenzó el sábado, cuando las rejas del Altiplano se abrieron para don Ernesto luego de que una jueza se apiadara de su situación y le cambiara la prisión preventiva por arresto domiciliario. Ruffo llevaba guardado en Almoloya desde el 16 de julio, fecha en que lo atoraron en su natal Ensenada por presuntamente andar metido en movidas de delincuencia organizada y huachicol de cuello blanco.
Eso sí, la FGR salió de inmediato a pintar su raya y aclarar que el señor no se va de vacaciones: el proceso judicial sigue vivito y coleando, solo que ahora el exgobernador lo enfrentará desde la comodidad de su sala, bajo vigilancia estricta y con una lista de restricciones para que no se le ocurra salir ni a la tiendita de la esquina.
La FGR Sigue Investigando
En cuanto se dio la noticia de Ruffo, la FGR salió de volada a recordarle a don Ernesto que cambiar los barrotes de Almoloya por las sábanas de su casa no significa que ya la libró. La Fiscalía insistió en que su carpeta no es de puros chismes y ya: traen peritajes, entrevistas, análisis financieros y todo un árbol genealógico del crimen para comprobar que el exmandatario no era un simple abuelito despistado, sino pieza clave en una presunta red de huachicol sobre rieles.
Recordemos que todo este desmadrote gira en torno a INGEMAR S.A. de C.V., una empresa donde Ruffo figuraba como accionista y secretario del Consejo, y que de la noche a la mañana empezó a mover importaciones de combustible con facturas tan raras que hicieron sospechar al SAT. Todo esto reventó gracias al curioso hallazgo de 33 ferrotanques abandonados en Ramos Arizpe, Coahuila; que fue todo un reguero de trenes fantasma cargados de gas que luego se repitió sospechosamente en San Luis Potosí y Nuevo León… o sea, lo andan acusando de ser un huachiculero.