Se armó la trifulca en Francia y Macron culpa a la ultraizquierda
No sé ustedes, pero durante todo el fin nuestro feed de Instagram se llenó de incendios, bloqueos, saqueos y sobre todo un chingo de banderas de Gaza. La cosa es que, por primera vez, esas imágenes no vinieron desde Reforma o el Zócalo, sino que venían directamente desde Francia. Como la cosa en México no ha estado tranquila, no nos habíamos tomado el tiempo de contarles lo que está pasando por allá. Todo esto arrancó como una protesta masiva contra la situación del sistema escolar en el país y se transformó en un movimiento más general para quejarse de la inflación y el costo de la vida. Más sinencambio, recuerden que estos carnales literalmente inventaron la Revolución, así que esto fue una especie de remake que dejó a París, Marsella, Lyon y Burdeos viéndose como el Estado de México escenografía de película postapocalíptica con más de 2,000 detenidos, unos 600 agentes de policía heridos, cientos de comercios saqueados y hasta el mismísimo Ayuntamiento de Limoges reducido a cenizas. Lo curioso de la cosa fue ver con detenimiento a los asistentes, dentro de los cuales difícilmente encontramos una sola bandera francesa… o a algún estudiante… y perdonen nuestra ignorancia, pero seguimos sin entender la relación entre la educación en Francia y el pueblo de Gaza.
Aquí lo más preocupante es que el “protestar por la economía” tuvo su giro muy peculiar: las turbas no solo vandalizaron inmuebles públicos, sino que arrasaron con los escaparates de los Campos Elíseos. Hubo saqueos de alto nivel a tiendas de lujo como Hermès y Louis Vuitton, donde los manifestantes prefirieron “protestar contra el capital” saliendo con bolsos de marca y mercancía de diseñador bajo el brazo. Una pesadilla absoluta para la élite parisina. ¿Se imaginan que las vacaciones de Sofi no hayan valido la pena porque un manifestante se llevó la Birkin a la que ya le había echado el ojo? Neta, no es justo.
Liberté, égalité, desmadreté
Tras ver que medio país amaneció oliendo a humo y con las calles convertidas en trinchera, Emmanuel Macron tuvo que salir en cadena nacional a pedir esquina con cara de pocos amigos. Con un tono de rabia y vergüenza, el Presidente francés acusó directamente a grupos radicales de ultraizquierda y a “delincuentes oportunistas” de secuestrar la protesta social para intentar derribar a la República. Claro que la culpa no es solo de los black blocs: el propio Macron tuvo que admitir que sus flamantes servicios de inteligencia “subestimaron” la magnitud de la bronca. O sea que, mientras la inteligencia francesa andaba en el croissant, miles de vándalos organizaron el caos perfecto sin que nadie lo viera venir.
Soluciones de Primer Mundo
Para apagar un incendio social que amenaza con paralizar la economía gala, la gran respuesta del gobierno de Macron no incluyó subsidios de emergencia ni frenos a la inflación: su propuesta estrella fue endurecer la línea represiva amenazando con prohibir concentraciones públicas y anunciar “mesas de diálogo parlamentario” para escuchar el malestar juvenil, porque, ¿cuál fue la última vez que reprimir a estudiantes manifestándose sale bien? Mientras los plebeyos no encuentran cómo pagar la luz o la renta y los comerciantes limpian los vidrios rotos de sus negocios, Macarrón pretende sofocar la furia popular respondiendo a una crisis de supervivencia económica con burocracia de café frío y promesas de ley y orden.