Vladimir Putin le dio una medalla a una ex-diputada de Morena en el Kremlin
Banda, nunca nos imaginamos decir esto, pero en Puebla están de pedinsky loca gracias a Rusia. Todo porque Carolina Gaspar Ramírez, directora de la Casa de Cultura México–Rusia (no sabíamos que una cosa así existía, y mucho menos que tenía sede en tierras poblanas), se dio un viajecito a las tierras de Vladimir Putin para que este brother le colgara en el pecho la Medalla Pushkin. Sí, así como leyeron: el presidente más mmón del mundo se tomó el tiempo entre guerra y guerra para premiar a la paisana por su “arduo trabajo” difundiendo la cultura, el idioma y la literatura rusa desde la cuna del Chile en Nogada. Doña Caro pasó de operar votos en el congreso poblano a colocarse la máxima distinción cultural que otorga el gobierno ruso a los extranjeros por una chamba que la neta no le importa ni le afecta a nadie. Eso sí, como los Morenos no le huyen al más mínimo rayo de atención y pseudo reconocimiento patito, la señora que hace unos ayeres fue diputada pipope por Morena se tomó foto oficial, y aprovechó para codearse y darse la manita con uno de los dictadores más mal pedo del planeta. Ya sabemos cuál va a ser su próxima foto de perfil en Facebook.
Vodka y Chalupas
Al chile en Puebla la neta no es como que pase mucho, y menos en la Casa de Cultura México-Rusia, pero para la comitiva poblana esto fue como ganarse el Nobel nomás para figurar en la foto internacional, porque nadie sabe qué aporta su oficina. Carolina Gaspar estaba que reventaba de felicidad porque, seguramente, es lo más (y lo único) interesante que le ha pasado desde que entró al puesto y salió a presumir la medalla como si hubiera firmado la paz mundial. Aunque la verdad es que el Smirnoff de Tamarindo hace más por la cultura rusa que lo que sea que haga ella. Pero bueno, en la Casa de Cultura ya están trabajando a marchas forzadas para traducir los villancicos al ruso.
Que Se Arme el Molinsky
La entrega de la Medalla Pushkin, que se la dan a los extranjeros que le hacen la tarea a Rusia promoviendo sus artes (no sabemos bien cuáles, la verdad), no solo dejó en claro que Puebla ya es Moscú 2.0, sino que también le dio a Morena otro trofeo para la vitrina premios de chocolate. Neta que la envidia en el partido tuvo que estar al tope: seguro Fernández Noroña se le retorció el hígado viendo cómo una ex-diputada poblana que nadie topa, le ganó el sueño de su vida (ir al Kremlin a presumir su outfit de commie revolucionario y recibir su medalla de héroe del pueblo de manos del Tío Vladimir). Ya saben que si algo son los mexicanos, es mitoteros, así que solo falta ver si el regalo viene con becas para estudiar en Siberia o si nomás fue una cortesía de Putin para tener a alguien que le mande cemitas y unas enmoladas poblanas directamente hasta su búnker.