American Airlines ya también se fue de Tulum
El Aeropuerto Internacional de Tulum ni está en Tulum y está a punto de dejar de ser internacional. Como ya nadie quiere que le cobren $15 mil varos por noche para estar en un hotel vacío y con la playa llena de sargazo, tanto Aeroméxico como Volaris ya anunciarán que dejarán de volar para allá. Y ahora American Airlines acaba de hacer lo mismo, pues la aerolínea gringa confirmó que cancelará de forma definitiva su ruta directa Miami-Tulum. Aunque Clau y su séquito de interns digan que todo funciona de maravilla, lo cierto es que esta madre fue una pejejada del Macuspano. Costó casi $20 mil millones de varos del erario y prometía mover a 5.5 millones de pasajeros al año, pero ahora nomás ya no levanta ni un solo vuelo. No dudamos que en unos cunatos meses ya solo Mexicana de Aviación vuele hacia allá.
Caprichito Millonario
Para el ciudadano bien que paga sus impuestos a tiempo, ver cómo el Aeropuerto de Tulum se va al carajo es un dejà vu presupuestal bastante doloroso. Y es que ya nos la sabemos cantada: nos prometieron que la Refinería de Dos Bocas (que costó más del doble de lo planeado, rozando los 20,000 millones de billetes verdes) nos daría soberanía energética, y apenas refina excusas; nos vendieron el AIFA como el hub del siglo XXI a costa de cancelar el de Texcoco (no te tocaba krnal), y hoy es un elefante militar que sobrevive a base de subsidios y la sucursal de Los Canarios chAIFA; nos dijeron que el Tren Maya no rompería ni una rama y terminó costando más de 500,000 millones de pesos sin lograr consolidar su flujo de pasajeros, dándole en la mother a la selva y descarrilándose apenas unos meses de haberse inaugurado. Tulum es solo la pieza más reciente de este rompecabezas de decisiones pndjas donde el gobierno juega a ser emprendedor con dinero ajeno, sin importar si los proyectos hacen sentido o no. Hasta el intern sabe más del ROI que esta gente.
Es que, ¿qué esperaban?
El verdadero problema de Tulum, no son los weyes insufribles que hacen de ir a Zamna a ver un dj sin chiste toda su personalidad, sino es que la Sedena planeó el aeropuerto con las patas, olvidando un pequeño detalle: el cliente puede elegir. Aterrizar ahí para ir a la zona hotelera se volvió una pesadilla logística por el capricho del gremio de taxistas locales, quienes cobran hasta 150 dólares (3,000 pesitos de puro viaje, más caro que el boleto de avión en el Buen Fin) mientras le prohíben la entrada a Uber y otras apps de transporte. Al ver que los aviones volaban a media capacidad porque los gringos prefirieron regresar a Cancún antes que dejarse asaltar en la terminal, American Airlines hizo lo que cualquier empresa cuerda y seria haría: cortar pérdidas y cancelar la ruta.
Al final, mientras en Palacio Nacional siguen presumiendo que el “pueblo está feliz” con las megaobras, la realidad del mercado es un golpe de agua fría. Nos dejaron con un helipuerto carísimo en medio de la selva que quién sabe quién usará, una deuda millonaria y la amarga lección de que los militares son excelentes para los desfiles del 16 de septiembre, pero nefastos como directores de operaciones de aviación comercial.