Netanyahu cantó victoria en Israel, pero todavía no tiene la mayoría de votos
Aquí casi siempre andamos metidos en el chisme de México, pero cuando un país se mete hasta en la sopa y trae como tres guerras abiertas a su nombre, no queda de otra mas que voltear a ver su kgadero. Además, con la mitad de Polanco y Tecamachalco atragantándose con el Jalá de puro coraje cada que ven las noticias, más vale explicar bien de qué tamaño está el pdo en la tierra prometida. Ayer, después una jornada electoral donde los israelíes volvieron a ir a las urnas con más resignación que fe, el eterno primer ministro salió muy peinadito a presumir que su partido, el Likud, se había llevado la rebanada más grande del pastel. El pequeño detalle que olvidó mencionar en su “discurso de vctoria” es que allá la democracia no se gana por concurso de popularidad, sino juntando al menos 61 de los 120 banquitos de la Knesset para amarrar el changarro. Y ahí fue donde la marrana torció la cola: aunque sus compadres de la extrema derecha y los ultrarreligiosos le hicieron el coro, la suma nomás no le da para la mayoría. Y como la oposición tampoco trae con queso para mandarlo a su casa, el país quedó atorado en un empate técnico sin saber bien cuál va a ser la siguiente movida. Hasta ayer a la última hora en la que el intern le dio refresh a TwitterAntesX, no había un claro ganador y la contienda seguía en un “quién sabe”, con las autoridades contando los últimos votos y Netanyahu celebrando un triunfo que nomás existe en su cabeza.
La otra miseria
Del otro lado del tianguis, la oposición comandada por el exgeneral Gadi Eisenkot y sus muchachos salió a brincar como si hubieran ganado la Copa del Mundo nomás porque le frenaron el carro al oficialismo. Pero no nos confundamos: en el fondo son exactamente lo mismo, nomás que con la canica menos botada. En materia de garrote, ocupación y bombardear a los vecinos, estos “moderados” piensan igual que Bibi, solo que prefieren hacerlo con modales y sin depender de fanáticos religiosos que anden gritando loquitos en la televisión. La cruda realidad es que están igual de empinados: sentar en la misma mesa a la izquierda, a los centristas persignados y a los bloques árabes para firmar un acuerdo es tan probable como ver al Papa dándole la bendición a la Santa Muerte. El resultado es un parlamento partido a la mitad donde todos quieren gobernar y nadie puede.
¿Y Ahora Qué?
Y cómo casi siempre hablamos de lo que pasa en México, la neta es que no tenemos súper claro lo que se viene ahora por alla. Lo que sí es que seguramente será como un regateo de tianguis a puerta cerrada. Netanyahu promete armar “un gobierno de derecha fuerte”, lo que en cristiano significa salir a cazar a los partidos chiquitos e independientes para ofrecerles puestos, presupuestos o lo que sea con tal de amarrar los tres o cuatro votos que le faltan para no caerse del altar. Si nadie cede el brazo a torcer en las próximas semanas, a los israelíes les tocará volver a armar las urnas y votar otra vez en un par de meses, confirmando que la política mundial no es más que un bucle infinito donde la única constante es el desorden.