Nos encanta que el Presidente de la principal potencia mundial tenga la misma edad mental que un morrillo de 12 años. Como cuando dibujabas pilines en los libros de la SEP o le ponías pelo a Miguel Hidalgo, Trumpie está interviniendo los retratos de los expresidentes, que están colgados en la Casa Blanca. El wey mandó poner una plaquita con la IG Bio de cada uno de sus antecesores.
A todos les tocó raspada, pero con los que sí Semarnat fue con sus predecesores demócratas. A Obama lo puso como el presidente que más ha dividido al país e hizo énfasis en que el wey se llama Hussein. Pero con el que sí trapeó el piso fue con ByeThen, a quien le dijo “the worst president in history” y aseguró que en realidad se le conocía como Sleepy y Crooked Joe Biden.

Trump decidió que gobernar no era suficiente y convirtió la Casa Blanca en museo con roast incluido. En los retratos oficiales de los expresidentes que están colgados en el Ala Oeste , nuestro Marto Debayle dejó bajo de los cuadros reseñas tipo Yelp presidencial. A Biden lo bautizó oficialmente como “Sleepy Joe” versión institucional y, por si no quedaba claro el nivel de desprecio, en lugar de su foto puso un bolígrafo automático.
A Obama lo presentó con su nombre completo “Hussein” —porque guiño político— y lo etiquetó como “el presidente más divisivo en la historia de Estados Unidos”, país que curiosamente tuvo la división de una guerra civil porque unos cabrones no querían vender a sus George Floyds. Como recordó las turbo pedas que se metía en la mansión Epstein con Bill, a Clinton le dio una palmadita económica diciendo que la economía boosteo con el boom tecnológico de los noventa, aunque dejó un recordatorio sobre los escándalos de Clinton (coff coff Lewinski). A Reagan lo elevó a santo patrono que, casualmente, ya admiraba a Trump antes de que Trump fuera Trump. Todo esto mientras remodela la Casa Blanca como si fuera un hotel en Mar-a-Lago versión patrimonio histórico.