Delcy Rodríguez prometió elecciones “limpias” y un cambio en el gobierno veneco
Después de que Mäcorina Machado regresara al país y que el Trumpetas dijera que quiere convertir a Venezuela en el estado 51 de Estados Unidos, Delcy Rodríguez (la actual presi veneca) como que ya se asustó. Este jueves le dio un mensaje (venezolano) a la sociedad (venezolana) en el que salió a jurar por la Virgencita (venezolana) que ahora sí se viene un árbitro electoral nuevecito de paquete, elecciones “limpias” y, agárrense, que la policía ya no va a andar secuestrando opositores sin una orden judicial firmada por escrito. Y por si le faltaba crema a sus tacos (venezolanos), Delcy le dio una patada en las nachas a Félix Plasencia (el canciller chavista de hueso colorado) y puso en su lugar a Oliver Blanco, el viceministro para Europa que ahora es la cara “fresca” de la diplomacia veneca para mendigar clemencia a los gringos, todo mientras le pide de favorzote a los medios que please “ya no estigmaticen” a su bonita y pacífica autocracia.
La perestroika tropical
La neta no sabemos a quién pretenden chamaquear. Los mismos personajes que llevan un cuarto de siglo robándose urnas a mano armada, cerrando periódicos, inhabilitando a medio mundo y mandando a la gestapo venezolana a romper puertas a medianoche, ahora quieren que la comunidad internacional les firme un cheque en blanco por su “arrepentimiento” justo cuando regresó Mäcorina Machado. Delcy quiere vender su propia versión de la perestroika chavista para ver si en Washington y Bruselas son lo suficientemente ingenuos como para tragarse el cuento de que el monstruo bolivariano de la noche a la mañana se volvió vegetariano y amante de la paz.
Billetes verdes ASAP
Pero no hay que ser un genio de la ciencia política para entender la jugada. A los rojillos no les dio una embolia de democracia ni se volvieron fans de la división de poderes; el chiste es que están más quebrados que nada, la infraestructura petrolera se les cae a pedazos y la falta de cash les está ahorcando el cuello. La “conversión” de Delcy no es un gesto de buena fe, es pura urgencia de supervivencia básica: le están lavando la cara al régimen para ver si Washington les afloja las sanciones, logran que las petroleras gringas vuelvan a meter billete y les abren la caja registradora global. En resumen: una simulación bastante barata para seguir cobrando en dólares mientras le prometen al pueblo un futuro que ellos mismos se encargaron de empinar.