Como cuando tu papá finalmente decidió abrir su “face” en 2021, ayer la Academia aceptó que la televisión abierta ya no la ve ni Mari y decidió que sus galas kilométricas y de huevísima ahora se transmitirán en streaming. Desde el 2029 (si llegamos vivos), la ceremonia de entrega a los más importante del cine se hará desde YouTube, después de que ninguna cadena gringa aceptó pagar lo que pedía la Academia por los derechos de transmisión. Así que, muy probablemente, con esto veremos al alter ego del Escorpión Dorado narrando los premios en unos añitos… bueno, en un chingo de añitos.

Hollywood aceptó lo que ya sabía pero fingía no ver: la tele abierta está más muerta que el VHS. A partir de 2029, los Oscar se largan a YouTube, el lugar donde hoy vive la atención, el chisme y el algoritmo todopoderoso. ABC y Disney ya no quisieron pagar la cuenta —mucho smoking, poca audiencia— y Google llegó con la chequera abierta y el discurso cool de “democratizar la cultura” (ajá).
El dato incómodo: la gala pasó de ser un monstruo de 50 millones de espectadores a sobrevivir con menos de 20. Sigue dejando lana, sí, pero ya no justifica un prime time tradicional. YouTube pone el reach global, el control total de métricas (sin auditorías incómodas) y la posibilidad de vender publicidad como si fuera el Super Bowl… pero con subtítulos automáticos. Entre alfombras rojas, premios que nadie veía y Oscar honoríficos que solo conocían los insiders, la Academia se convierte oficialmente en creador de contenido premium. El cine no murió: se subió al algoritmo. Y ahora compite por atención contra podcasts, streams y gatos tocando piano.