
Lo inevitable finalmente pasó ayer: la crisis veneca finalmente logró rascarle directamente los buevitos a Putin. El tema está así: Como Venezuela ya está convertido en South Texas, un barco petrolero con bandera rusa intentó salir corriendo del país para evitar que los Soldadinskys Petrov acabaran como Maduro. Pero los gringos no los dejaron huir y detuvieron a la trajinerinsky, lo que provocó la furia de Putin, quien insiste que el barco ya estaba en aguas internacionales y lo que hizo Estados Unidos fue una agresión más grave que la que sufrió el Fabiruchis. Esperemos que en alguien quepa la prudencia, porque si no este año va a durar menos que tu ex en noche de 14 de febrero.

Tom Cruise quedó corto. Estados Unidos se aventó una cacería marítima de dos semanas para detener al Bella 1, un petrolero venezolano-ruso-sombrío que jugaba a Catch Me If You Can en el Atlántico. Cambiaron nombre, pintaron bandera rusa en el casco (muy sutil) y se lanzaron mar adentro creyendo que con eso ya estaban bajo el paraguas de Putin. Spoiler: no funcionó. Washington lo interceptó cerca de Islandia con apoyo británico, aviones RAF y vibes de OTAN en mood sheriff del petróleo. Rusia chilló “ilegal”, pero EE UU respondió con la frase más imperial del año: “vamos a vender el petróleo venezolano nosotros”. Y por si fuera poco, cayó otro barco, el Sophia, en el Caribe. Dos petroleros, cero balazos, y un mensaje clarísimo: la “flota fantasma” ya no es tan fantasma… y el crudo de Maduro ahora navega con escolta gringa.