México propuso a una posible embajadora de Perú después de años de peleas
La SRE ya desbloqueó a Perú de WhatsApp después de cuatro años en los los dos países estuvieron más peleados que Sofi con su grupito de amigas de la prepa. La doctora envió al Senado una propuesta para designar a Lydia Antonio de la Garza (una chavita bien y economista del ITAM, exdirectora de Comercio Exterior de la secre de Economía y negociadora del T-MEC) como la posible nueva embajadora mexa en el Perú. Por si no sabían, las relaciones entre ambos países estaban pal perro desde diciembre de 2022, cuando Pedro Castillo (el Noroña peruano) perdió la presidencia, intentó dar un golpe de Estado y terminó detenido por su propio chofer mientras buscaba llegar a la Embajada de México. Obvio, el Macuspano (un wey que de primera mano sabe lo gacho que se siente perder la presidencia) se peleó con los peruanos y desde entonces el gobierno andino declaró persona non grata al entonces embajador Pablo Monroy y lo corrieron de su país. Ahora la Clau quiere arreglar las cosas entre ambas naciones y ya dio el primer paso.
¿Y a nosotros qué nos importa Perú?
Para el ciudadano promedio que solo piensa en Machu Picchu o en el ceviche peruano del Fisher’s, la bronca puede parecer un berrinche geopolítico más en los que se mete la 4T para darle un poco de sazón a su administración. Sin embargo, en el boardroom empresarial la parálisis costó millones. Perú y México, junto con Chile y Colombia, son los pilares de la Alianza del Pacífico, un bloque económico de los menos piores de LATAM que representa nada menos que el 41% del PIB de Latinoamérica y casi el 60% del comercio exterior de la región. Por pdos ideológicos del sexenio pasado, se frenó por más de un año la circulación de mercancías, inversiones y tratados con Asia. O sea: mientras la diplomacia mexicana jugaba a defender la “soberanía” de un presidente rojillo destituido, las multinacionales mexicanas sufrieron para mover sus inversiones en territorio andino sin respaldo consular de peso.
ITAM Alumni al rescate
La designación de Lydia Antonio de la Garza rompe el esquema tradicional de la 4T de regalar embajadas como premios de consolación o retiros pagados para exgobernadores del PRI caídos en desgracia (te estamos viendo Omar Fayad). Con un perfil mega preparado con trayectoria en disputas comerciales complejas, la nueva enviada no va a tomar pisco sour ni a vacacionar a Miraflores: va a reabrir los canales de negocio que llevaban años bloqueados. Eso sí, el verdadero reto para la embajadora no será solo convencer al Senado de ratificar su nombramiento, sino convencer al sector privado y a la élite limeña de que México ya no va a usar su embajada como agencia de asilo político para cualquiera que le caiga bien a Morena. Al final del día sabíamos que si alguien nos iba a salvar, no iba a ser un licenciado de la Anáhuac.