
Mi Sofi, ve avisando que ni de pedo llegas al jale el lunes porque toda Europa decidió convertirse en la Antártida. Desde el fin de semana, el continente donde deberían estar los HQ de esta chingadera tiene más polvito blanco que mesa de standupero en antro, lo cual ha causado un verdadero caos en el transporte. Tan solo ayer, el aeropuerto de Schiphol tuvo que cancelar 700 vuelos. El Charles de Gaulle hizo lo propio, pues le pidió a las aerolíneas recortar los vuelos hasta en un 40% para evitar que todo colapsara. No sabemos cuánto tiempo durará el mal clima, pero qué maravilla quedarse dos semanas más del lado del charco.
Europa se puso modo congelador industrial y el transporte colapsó con elegancia continental. Ámsterdam canceló vuelos como si fueran brunches y París pidió borrar casi la mitad de su agenda aérea. Schiphol, joya logística del norte, estuvo tan helado que casi se queda sin líquido anticongelante (plot twist climático). Mientras ejecutivos dormían en camitas improvisadas en aeropuertos, medio Francia cerró carreteras a tráileres y el Eurostar decidió tomarse el día. El saldo humano no fue cute: muertes por accidentes, migrantes durmiendo en tiendas bajo la nieve y ciudades enteras en alerta. Eso sí, París hizo lo suyo: selfies, esquís improvisados en Montmartre y turistas felices frente a la Torre Eiffel blanca. Caos arriba, postal abajo. Europa demuestra que puede colapsar… pero siempre con estética.