Se armó el desmadre en Mataulipas por la captura de un sombrerudo (again)
Siempre que les hablamos sobre Mataulipas es para darles malas noticias y, por desgracia, hoy no es la excepción. Como hace unos días la madame Le Pen llamó “n4rc0estado” a nuestro país, a los morenos les dio por ponerse a atrapar malandros. Así que ahora fueron por Axel Cárdenas: nada más y nada menos que el líder de un grupo de sombrerudos llamado “Los Ciclones” e hijo de “El Contador” (un brother pesadísimo del C4rt3l del Golfo). Como era de esperarse, a sus coworkers no les gustó ni tanto que pasara esto y no tardaron ni cinco minutos en armar un desmadrote en Matamoros y Río Bravo: camiones quemados atravesados en las avenidas, balaceras por todos lados, clases suspendidas y los pobres ciudadanos atrincherados bajo la mesa esperando a que se acabe la tormenta (de balazos) y llegue la calma. Y para acabarla de amolar, la embajada de Estados Unidos sacó su respectiva alerta de seguridad pidiéndole a sus paisanos que mejor ni se asomen. Aunque, para ser honestos, no creemos que ningún gringo en su sano juicio tuviera planeado irse de vacaciones a Mataulipas…
La de siempre
Lo más kbron de todo esto es que ya nos sabemos este teatrito de memoria porque es el mismo cuento de siempre. Cada que a las autoridades les da por hacer su trabajo y levantar a un “objetivo prioritario”, la reacción automática de los malandros es secuestrar la ciudad en cuestión de minutos, quemar tráileres y dejar a la raza trabajadora atrapada en el fuego cruzado nomás porque querían llegar a su chamba, ¿ya se les olvidó cómo estuvo la onda en Jalisco a principios del año? Mientras tanto, el gobierno sale a tirar el clásico rollo mareador de que “todo está bajo control”, obligando a la gente a informarse por grupos de WhatsApp para saber en qué esquina andan soltando plomo.
Uncle Sam en pánico
Y como ya es tradición, los vecinos del norte no pierden la oportunidad de recordarnos que vivimos en zona de guerra. La embajada gringa soltó su clásica alerta rogándoles a sus ciudadanos que se resguarden, mientras aquí los gobernantes presumen sus flamantes estrategias de seguridad que se desarman con tres camiones incendiados y unas cuantas camionetas con hombres armados hasta los dientes. En resumen: otro día en la oficina para el gobierno mexicano, donde detener al junior de los Cárdenas demuestra que la ley a veces sí actúa, pero el precio lo pagan los ciudadanos comunes y corrientes que tienen que aguantar los berrinches del narco.