Tembló bien gacho en Panamá
Después del terremoto espantoso que hubo en Venezuela y luego en Colombia, la neta es que estábamos espantadísmos de que durante septiembre pasara algo parecido en México. Thank God, no hubo ningún temblor de qué preocuparnos y, como ya estamos en octubre, pensamos que ya podíamos dormir en paz. Más sinencambio, otra vez ya estamos cgdos de miedo porque el viernes pasado en Panamá hubo un sismo feísimo de 7.7. El intern, con el razonamiento y pensamiento crítico que le dio su Lic. en Comunicación que estudió en la Ibero, jura que esto es un presagio de que algo feo se viene para el país, pues ya hubo más de 200 réplicas registradas en menos de 48 horas. Lo que obligó al gobierno panameño a declarar Estado de Emergencia mientras intentan hacer lo más que pueden para levantar escombros y salvar a su gente. Mucha fuerza a todos nuestros panameños queridos.
A Oscuras
El sismo no perdonó y los reportes pintan un escenario de pánico total: pueblos enteros incomunicados por deslaves, redes de agua potable colapsadas y apagones masivos que dejaron a los centros financieros trabajando a pura planta de luz (los que tuvieron suerte). Para un país que presume certidumbre, torres espejadas y la logística del Canal, quedarse a oscuras y sin agua es el equivalente a que ten congelen la AMEX en el Quintonil a la hora de pagar la cuenta.
Las cuadrillas de rescate andan haciendo milagros para abrirse paso entre los escombros, mientras la población intenta procesar el impacto de un trancazo que no veían venir con semejante fuerza. Porque seamos honestos: la verdadera emergencia nacional no son las fachadas agrietadas, sino el sudor frío que recorre la espalda de miles de factureros, políticos mañosos y empresarios sospechosos que tienen sus guardaditos en el istmo. Entre la falta de luz y las líneas de comunicación caídas, el pánico real en las oficinas de gobierno no es si van a reparar las carreteras este mes, sino ver cómo le garantizan a su clientela corporativa que sus cuentas bancarias blindadas siguen a salvo. Vaya, que mientras la gente común intenta conseguir agua potable, las autoridades andan corriendo como gallinas sin cabeza asegurándole al capital golondrino que sus fideicomisos no sufrieron “daños estructurales”, no vaya a ser que a los dueños del dinero les dé por mudar sus maletas llenas de efectivo a las Caimán antes del lunes.
Plegarias En Dólares
Aunque las autoridades juran que la ayuda está fluyendo y que la luz va a regresar “en breve”, la realidad es que a Panamá le espera una resaca larguísima para recuperar la normalidad. Una tragedia de proporciones históricas para nuestros vecinos del sur, que hoy están viviendo la peor versión posible de un fin de semana largo.
A lo mejor valdría la pena ir revisando la mochila de emergencia, no vaya a ser que a nuestras placas del Pacífico les dé por coordinar agenda.